2–3 minutos

Guadalajara, Jalisco. Poco antes de las 9 de la noche, Tool tomó el escenario de un abarrotado Calle 2, donde miles de seguidores, ataviados con camisetas negras y algunos con imponentes melenas, se congregaron para presenciar a la leyenda del metal progresivo.

La expectativa era inmensa, y desde el inicio, la banda dejó claro que la experiencia sería única: en las tres pantallas gigantes del escenario, un mensaje advertía que estaba estrictamente prohibido grabar con celulares o cámaras. Quien desobedeciera sería retirado del recinto.

El imponente set de batería de Danny Carey capturó de inmediato las miradas, mientras las pantallas proyectaban imágenes hipnóticas que evocaban el movimiento del mar y la lava en constante cambio. La velada arrancó con “Fear Inoculum” y “Jambi”, sumergiendo a la audiencia en un trance sonoro donde cada riff de guitarra y cada golpe de batería resonaban como un mantra eléctrico.

A diferencia de la mayoría de los conciertos actuales, el público respetó la norma de no usar celulares, lo que generó una sensación de nostalgia, transportando a los asistentes a una época en la que la música en vivo se disfrutaba sin distracciones.

«¡Hola, qué tal! Levanten la mano», fueron de las pocas palabras que Maynard James Keenan dirigió al público. Fiel a su estilo enigmático, permaneció en las sombras, dejando que la música hablara por sí sola.La noche avanzó con la intensidad de “Rosetta Stoned”, en la que el poder de la guitarra marcó el inicio de un viaje sonoro profundo.

La combinación de luces y efectos láser acentuó la atmósfera en temas como “Pneuma” y “Stinkfist”, mientras la multitud se dejaba llevar por la enérgica sinergia entre la banda y el sonido envolvente.

Por momentos, Tool transformó el tiempo en una experiencia etérea de metal psicodélico, con temas como la icónica “Schism” y “The Grudge”, que envolvieron a los asistentes en un estado casi hipnótico. En esta propuesta, a diferencia de otras bandas, la voz es solo un complemento, mientras que la fuerza de la guitarra, el bajo y la batería dominan la escena con una precisión brutal.

Tras más de una hora de catarsis musical, los asistentes salieron de Calle 2 aún atónitos por lo que acababan de vivir. Sin la distracción de los celulares, pudieron sumergirse por completo en un show como pocos se ven en la ciudad.La velada inició con dos bandas teloneras: Seven Hours After Violet abrió la noche, seguida de los legendarios británicos de The Cult, quienes calentaron motores antes de la llegada de Tool.


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