
Por: Jennifer Murguía
Guadalajara, Jalisco.
La noche del pasado 8 de marzo el Auditorio Telmex se llenó de gafas oscuras, lentejuelas, botas y chamarras de piel. El ambiente ya anunciaba que había espacio para más de un rockstar, pero solo uno era esperado: Lenny Kravitz, quien llegaría a Guadalajara no solo con su música, sino con la presencia escénica de quien sabe que el escenario también es su casa.
A las 7:50 p.m., el neoyorquino apareció entre los primeros acordes de “Bring It On”, provocando que el público se pusiera de pie casi por reflejo. Nadie volvió a sentarse en las siguientes dos horas.

Con el Auditorio Telmex completamente lleno, los coros del público se mezclaban con cada canción. Uno de los momentos más celebrados llegó cuando Kravitz levantó ligeramente sus gafas oscuras para mirar a la multitud, gesto suficiente para desatar gritos y aplausos en todo el recinto.
La noche avanzó con temas como “Believe” y “The Chamber”, pero uno de los momentos más emotivos llegó después de “Always on the Run”, cuando alguien del público le extendió una bandera de México.
Sorprendido, Kravitz la tomó y se cubrió con ella mientras se dirigía a los asistentes en un español claro y cercano: “Guadalajara, bienvenidos a esta celebración. Los he extrañado mucho y estoy muy feliz de estar aquí con ustedes, my friends, my family. Somos energía, somos vida, somos amor. Significan tanto para mí. Muchas gracias, los amo”. La respuesta no tardó: miles de voces corearon “¡Lenny, hermano, ya eres mexicano!”.
Entre los detalles que destacaron estuvo el constante cambio de guitarras, casi como parte del vestuario del espectáculo. A lo largo de la presentación utilizó nueve instrumentos distintos, incluidos dos acústicos, en movimientos precisos que parecían coreografiados.

“American Woman” fue uno de los temas más esperados, seguido de “Fly Away”, que transformó el auditorio en una celebración colectiva. “Are You Gonna Go My Way” marcó el inicio de la despedida, antes de cerrar con “Let Love Rule”.
Durante esta última canción, Kravitz bajó nuevamente del escenario y recorrió casi medio auditorio, saludando de cerca a los asistentes. Un gesto que resumió la noche: un artista que, más allá del espectáculo, conectó con su público con sencillez, energía y gratitud. Antes de irse, prometió volver pronto, recordando que México siempre ha sido un lugar especial para él.
