
Por: Iván Michel
Guadalajara, Jalisco. Tras posponer su presentación programada para noviembre debido a una fractura de costillas y luego de ofrecer un exitoso concierto en el Zócalo de la Ciudad de México, Fito Páez regresó a Guadalajara para cerrar su gira conmemorativa por los 30 años del álbum “El amor después del amor”.
Minutos antes de las 8 de la noche, el público coreaba con fuerza: “¡Olé, olé, olé, Fito, Fito!”, anticipando la llegada del músico rosarino al escenario. Finalmente, Páez apareció luciendo un traje blanco impecable, acompañado de una banda de diez músicos, dando inicio a un show muy esperado, que fusionó la trova y el rock.

“¡Hola, Guadalajara! Qué gusto estar aquí para cerrar nuestra gira por México”, expresó el cantante al interpretar el tema que da nombre a esta emblemática gira.
A lo largo de la noche, Fito deleitó a los asistentes con éxitos como “Dos días en la vida” y “La Verónica”.
En algunos momentos, se sentaba al piano, fiel a su estilo, mientras que en otros recorría el escenario, animando al público a cantar y a gritar. Ante los constantes coros de “¡Olé, olé, olé!”, el cantante respondió con humor: “Otra vez no, ahorren energías porque las van a necesitar”.
Previo a interpretar “Detrás del muro de los lamentos”, Fito reflexionó sobre la riqueza y diversidad de la música latina, recordando con emoción cómo su padre lo había guiado a explorar distintos géneros.

Uno de los momentos más conmovedores de la noche llegó con “Brillante sobre el mic”, cuando Fito pidió al público encender las luces de sus celulares, iluminando el recinto en un espectáculo visual único.
Más adelante, con “A rodar mi vida”, la energía alcanzó su punto máximo: varios asistentes ondearon sus camisetas como si fueran banderas argentinas, mientras Fito se quitaba el saco, dejando ver una camiseta con estampados en blanco y negro.
Después de una breve pausa, el artista regresó al escenario para interpretar “Al lado del camino”, rindiendo homenaje a dos de sus grandes influencias: Charly García y Luis Alberto Spinetta. Para sorpresa del público un colibrí comenzó a volar por el escenario posando en el micrófono del piano del cantante, siendo un momento emotivo para los fans.
El público también tuvo su momento de protagonismo al cantar a coro “11 y 6”. De repente, en las pantallas gigantes apareció la frase “Circo Beat”, desatando la nostalgia y la emoción de los asistentes al recordar el icónico álbum lanzado en 1994.
Con “Ciudad de pobres corazones”, Fito Páez mostró su virtuosismo con un extenso solo de guitarra que desató la euforia de sus seguidores.

Tras una salida en falso, el músico reapareció luciendo una elegante gabardina roja para interpretar “Dar es dar” y “Mariposa technicolor”.
Para cerrar la noche con “ Y dale alegría a mi corazón”, siendo un final, lleno de emotividad, ya que convirtió al público y a los músicos en protagonistas, coreando juntos hasta que Fito desapareció del escenario, dejando un recuerdo imborrable en Guadalajara.
